País de mierda

Colombia se enfrenta en los próximos días a unas elecciones presidenciales trascendentales en las que todos los candidatos dicen encarnar el "cambio" de modelo de país. 
Redacción

Redacción

Escuchando a la mayoría de candidatos a la presidencia me da la impresión de que vivo en un país de mierda.

Resulta que nada en el país funciona, somos los más miserables del mundo, contaminamos, somos corruptos, la educación no sirve, la salud es la peor del mundo, somos el más desigual, somos un país sin oportunidades e incluso, escuché a Gustavo Petro decir que la desgracia de gobierno de Duque nos llevó a ser peores que Venezuela.

Ya el riesgo no es que Colombia se convierta en Venezuela, más bien hay que decirle a los venezolanos que eviten ser como Colombia, un país, donde incluso muchos candidatos han afirmado que ni siquiera hay democracia.

Lo peor es que los candidatos hacen campañas desde lo negativo del país y cada 4 años nos dicen que somos lo peor del mundo y que es necesario cambiar. (Mágicamente ellos son ese cambio).

¿Qué es el cambio?

No hay nada de malo en cambiar y en querer cambiar. De hecho, todos lo días estamos cambiando y transformándonos.

Por ejemplo, uno puede cambiarse de operador de telefonía móvil creyendo que en la otra empresa le va a ir mejor a uno y resulta que no, que todo fue un fiasco.

Algo tan sencillo como cambiar el cepillo de dientes o cambiarse de ropa interior son pequeñas muestras de que constantemente estamos evolucionando y cambiando en todos lo sentidos, desde la forma de pensar, en la forma de vestir y hasta en la forma de ver el mundo.

Entonces, ¿por qué surge la frecuente necesidad de querer cambiar constantemente desde lo político, económico y social?

Escuchando a varios candidatos a la presidencia, algunos proponen un sistema público de pensiones centrado en Colpensiones, a lo que otros candidatos replican afirmando que ya Colombia tuvo un sistema público de pensiones que fracasó y que dio a luz al actual sistema de pensiones dual entre público y privado.

Mi teoría sobre el cambio

Yo le llamo a esta teoría el ecosistema del pesimismo en la que los medios de comunicación desde la excusa de controlar el poder y ponerle la lupa a lo que está mal, en realidad magnifican escándalos con la finalidad de generar reacciones en el público, lo que se traduce a mayor audiencia y la audiencia se traduce en mayor venta de pauta publicitaria.

Un medio de comunicación que genere noticias positivas, seguramente se irá a la quiebra. Los medios de comunicación necesitan vender noticias desde el morbo, desde lo oscuro, los medios de comunicación necesitan que hayan políticos corruptos para poder tener titulares.

Los medios de comunicación necesitan de malas noticias para vender pauta publicitaria.

Así de visceral es el mundo de los medios de comunicación. No lo juzgo ni lo critico, sólo expongo lo que en realidad pasa, los medios de comunicación son empresas que necesitan facturar y la materia prima son las audiencias, el producto que generan es la publicidad.

Cuando la sociedad ya está saturada de noticias malas, mágicamente aparecen los políticos prometiendo que bajos sus hipotéticos gobiernos estas noticias malas no van a seguir sucediendo.

¡Ya basta! Es hora de un cambio. Dicen.

El pueblo vota por el «cambio», y los medios de comunicación, por su puesto, tienen que seguir facturando y generando noticias negativas que son aprovechadas por la «oposición» de ese político que ganó alimentado por el pesimismo de la sociedad.

La oposición, como en toda democracia, tiene el deber de hacer contrapeso al poder, corroes partidos de turno y movimientos políticos que por lo general, están en el poder, con la finalidad de motivar a la mayoría a votar esta vez por la oposición al pésimo y nefasto gobierno que produjo tantas noticias negativas.

El ciclo se repite y se repite, hasta que la sociedad se desgasta porque empieza a darse cuenta que «todos los políticos son iguales».

Es allí donde aparecen los populistas a prometer imposibles y hacer creer a la gente que «esta vez sí» sus vidas van a cambiar si votan por el mesías impoluto que nunca ha sido parte de los «mismos de siempre».

 

El pesimismo como recurso político

Hace meses un amigo me pasó una entrevista que la BBC le hizo a un destacado profesor de una universidad norteamericana en la que afirmó que la gran mayoría de jóvenes pobres en Latinoamérica no van a la universidad por falta de oportunidades.

Este patrón de creer en las «falta de oportunidades» está llevando a muchos jóvenes a la desdicha por pensar que como nacieron en un país pobre, entonces su futuro está predestinado a ser pobre toda la vida.

Es peligroso cómo el pesimismo está cautivando a muchos jóvenes y desde ese pesimismo los políticos están conquistando al electorado de todas las edades.

Desde luego, la intención no es afirmar que hay que vivir en una burbuja donde todo es perfecto. Todos los países tienen desafíos que van surgiendo con el tiempo (Colombia ni más falta, es la excepción) y en los que la clase política sin vacilaciones debería esforzarse por satisfacer.

 

 

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